Todo saldrá bien, hay que pensar en positivo, no nos podemos quejar, en el fondo he tenido mucha suerte, a mi no me ha afectado tanto, todo ocurre por una razón etc.

Todo eso esta muy bien pero sin darnos cuenta en muchas ocasiones estamos reprimiendo, sensaciones más incomodas que no estamos validando, pues no nos parece bien sentir lo que sentimos cuando otros están peor.

Eso a dónde nos lleva, a veces a empezar a sentirnos triste sin motivo, sin que haya pasado nada concreto que justifique esa tristeza, o que algo a lo que en otro momento no le hubiéramos dado importancia de repente nos desborde. Ej. Un objeto que se rompe, una caída, una película.

Lo mismo ocurre con otras emociones, como el enfado o el miedo, a veces los reprimimos pero a veces ni siquiera llegamos a sentirlo.

Es habitual cuando preguntamos a alguien por su miedo que diga, yo no tengo miedo, pero si le preguntamos ¿Qué te mueve el miedo de los demás? Ahí la respuesta cambia, porque vemos amplificado fuera lo que negamos dentro.

Muchos de estos microduelos no reconocidos, nos han llevado a sentirnos crispados, irascibles, desactivados o dispersos sin un motivo aparente, porque lo que estamos reflejando es la proyección de muchos impactos minúsculos cristalizados, ya sea por haber sido reprimidos, o negados.

Por eso este año en nuestro programa de semana santa, hemos preparado las 4 caras de nuestro prisma, un trabajo potente y sintético con las 4 emociones esenciales con el fin de descargar y liberar energéticamente nuestro campo de los impactos que tienen esas 4 frecuencias y resetear ese prisma con el que vemos la realidad.

Si quieres recuperar la claridad de tu prisma pincha aquí.